Saludo a todos los compañeros:
Al dar lectura a “La aventura de ser maestro” de José M. Esteve, trajo a mi memoria las primeras experiencias como docente, ante la clara descripción que hace del profesionista al iniciarse como maestro. Recuerdo que para preparar una clase de una hora, invertía un tiempo de tres a cuatro horas, inicie con un contrato de cuatro horas a la semana, siendo mis ingresos insuficientes para cubrir los gastos de transporte.
Vivía con el temor de que el material que preparaba no fuera suficiente para cubrir la clase, me sobrara tiempo y me preguntaba ¿ qué voy a hacer o a decir al grupo durante este tiempo?.
La angustia que llegué a sentir por no preparar bien la clase, me obligó en algunas ocasiones a quedarme en casa y no asistir a trabajar. Fue tanto mi nerviosismo que por un tiempo sufrí de taquicardia, lo que me puso a pensar y reflexionar sobre mis miedos como profesor, a mirar con otros ojos la docencia, a prepararme día con día, a tomar cursos de actualización, a buscar nuevas estrategias de enseñanza.
Un día, estando en el salón de clase, uno de mis alumnos me pregunto ¿porqué nunca se ríe usted maestra?. Y agregó: me gustaría verla sonreír. En ese momento no dije nada y continué con la clase pero me puse a pensar en lo sucedido y me propuse cambiar, no fue fácil pero ahora ya disfruto el ser docente, me permito pensar y sentir con el deseo de hacer pensar y sentir a los jóvenes bachilleres.
Al cambiar mi actitud obtuve como respuesta un cambio en la actitud de los alumnos, mejorando la comunicación entre maestro-alumno, aprendiendo al mismo tiempo que enseñaba, entendiendo que no por el hecho de ser maestro debo poseer todos los conocimientos y tener las respuestas a sus preguntas, y desde ese momento, si hacían una pregunta de la cual no tenía la respuesta, les pedía que me la dejaran de tarea para el día siguiente, dedicando tiempo para consultar diferentes fuentes que me permitiera poder cumplir, de esta forma fue desapareciendo mi angustia.
Es verdad que nadie nos enseña a ser maestros, que es un trabajo de ensayo y error como lo señala Esteve, la enseñanza es una profesión ambivalente, ya nos puede causar ansiedad o dicha, es el docente quien toma la decisión de continuar en la angustia y el estrés o cambiar de actitud, disfrutar y de vivir día a día nuestro actuar, de aprender de nuestros errores, de promover el desarrollo personal, de compartir con los estudiantes esta aventura de ser maestro.
En este momento me gusta ser maestro, disfruto el trabajar con los jóvenes, pero también tengo limitaciones las cuales provocan una sensación de malestar al no contar con el material y el equipo necesario que me permita mejorar la enseñanza y facilitar el aprendizaje, y con tristeza veo pasar a uno y otro director del plantel a quienes les he solicitado material para trabajar y todos me aseguran que lo proporcionarán, pero solo son promesas que nunca se cumplen, lo anterior me obligan a buscar alternativas, desarrollando nuestra creatividad para trabajar con lo que esta a nuestro alcance, lo que permite estar en continua búsqueda, de compartir nuestros conocimientos, así como aprender de nuestros alumnos.
.A pesar de las dificultades que se nos presentan, la docencia me ha proporcionado grandes satisfacciones. Para mí ser maestro implica una serie de actividades y responsabilidades, como el saber dialogar y negociar con los alumnos, el poderme comunicar positivamente con los demás, el hacer accesible el conocimiento a los educandos, de despertar el interés en el alumno por conocer y mantener su atención durante la clase, el hacerlo participar, el establecer puentes entre la teoría y la práctica, el adecuarla a nuestro contexto, a cada grupo, a lograr que el alumno se comprenda a sí mismo y hacer de él una persona crítica, capaz de incorporarse a la sociedad
miércoles, 14 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario